Por Claire Swedberg
Un grupo internacional de científicos ha estado usando pequeñísimas etiquetas pasivas de
RFID para realizar el seguimiento del tiempo que les toma a las abejas forrajeras que van en busca de alimento, retornar a su colmena desde diferentes ubicaciones de donde fueron liberadas. El equipo de investigación recientemente publicó los resultados de la investigación que se realizó en Australia desde el año 2007 al 2008, por Mario Pahl, candidato a recibir el grado de Ph.D., en la Universidad de Würzburg, bajo la supervisión de Jürgen Tautz, profesor de la
Universidad de Würzburg, y Shao Wu Zhang, miembro del
Centro ARC de Excelencia en Ciencias de la Visión y profesor en la
Universidad Nacional de Australia (ANU), donde se ubicó la colmena, en las faldas de Black Mountain.
Utilizando etiquetas y lectores suministrados por la empresa
Microsensys, Pahl pudo establecer que las abejas utilizan puntos de referencia y el panorama del horizonte para navegar por la ruta que las lleva de vuelta a sus colmenas. Estos insectos voladores fueron liberados desde diferentes ubicaciones y las pruebas midieron la tasa de retorno de las abejas, como también la distancia desde donde lo hacían, dependiendo de la dirección del punto de liberación. Después de liberar a las abejas a distancias cada vez mayores de la colmena, los investigadores pudieron determinar que las abejas liberadas desde puntos ubicados al este de la colmena tenían mayores probabilidades de retornar, y de manera más rápida que las que eran liberadas en otros lugares, lo que indicaba que las abejas podían guiarse por hitos de referencia que ya conocían. Los investigadores creen que las abejas que se liberaban al este de la colmena, eran las que más podían usar la Montaña Negra (ubicada a 1 kilómetro al oeste de la colmena) como referencia y por lo tanto, podían navegar de mejor manera de retorno a su colmena.
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Se pegó una etiqueta pasiva de RFID de 13.56 MHz RFID en la espalda de cada abeja.
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"Las abejas liberadas al este retornaban de distancias de hasta 11 kilómetros," establece Pahl, mientras que las liberadas en cualquiera de las otras tres direcciones retornaban desde distancias máximas de entre 5 y 7 kilómetros (3.1 hasta 4.3 millas).
La misión de las abejas forrajeras es conseguir néctar, polen, agua y resina vegetal para ser usados por su colonia. Para navegar desde su colmena y poder retornar, se cree que usan maniobras de vuelo, haciendo círculos en una serie de arcos para orientarse sobre su ubicación. De acuerdo con el estudio, memorizan también puntos de referencia o hitos situados alrededor de la colmena, como asimismo a lo largo de la ruta que recorren mientras van por forraje.
Para realizar el estudio, los científicos capturaron abejas forrajeras de polen que habían retornado recientemente a la colmena y que por lo tanto debían tener cierta experiencia con los puntos de referencia cercanos a la colmena. Luego pegaron las etiquetas de RFID sobre las espaldas de las abejas (es decir, en la zona dorsal del tórax de las abejas) colocándolas después en una caja negra antes de transportarlas a distancias de hasta 13 kilómetros (8 millas), hasta varios puntos en distintas ubicaciones al norte, sur, este y oeste de la colmena. Un interrogador de RFID en cada una de las entradas a la colmena captaba el número de identificación particular de cada etiqueta de RFID, almacenando la información captada, vinculándola con la fecha y la hora en que ocurrió el evento. Esto permitió que los investigadores pudieran determinar el tiempo que le tomó a cada abeja el retornar a la colmena, si es que retornaba.
El grupo utilizó etiquetas pasivas mic3-
TAG de 13.56 MHz, que cumplen con las normas estándar
ISO 15693 y 14443, que miden 1 milímetro por 1.6 milímetros (0.04 a 0.06 de pulgada). Cada etiqueta guardaba un número particular de 64-bits. Las etiquetas, de las cuales cada una pesa aproximadamente 2.4 miligramos, eran solamente una fracción del peso de néctar que las abejas transportan (aproximadamente 35 miligramos) habitualmente, señala Pahl, de tal manera que no impedían el vuelo, a pesar de que pudieron haber causado una ligera fricción con el viento. Para etiquetar a las abejas, Pahl y sus colegas primero inmovilizaban a los insectos colocándolas sobre hielo. Luego las etiquetas se pegaban con goma laca.